Mi papá llegó a Playa del Carmen en 2005, cuando había 5,000 habitantes y un solo Chedraui en la 307. Antes vendió tiempo compartido siete años en Puerto Aventuras, joyería diez años en Cancún, y un bar diez años — el bar es lo que hoy es esta oficina.
Aprendió bienes raíces en Vía 38, el edificio que está afuera de mi puerta. Daniel Masilla, el desarrollador, lo descubrió por su energía y le confió la dirección de ventas. En el crash de 2008 abrió HH Luxury Real Estate desde la planta baja del mismo edificio.
Llevamos 21 años aquí. La oficina nunca se mudó. La filosofía tampoco: no engañar, mantener la palabra, cuidar al cliente, y promover solo lo que tenga certeza jurídica. SIMCA, Kaua-Ekasa, Menesse, DK del Karibe, Central Park Quintas, IDIlik, Siaan, La Residencia — todos llegaron a buscar a mi papá por reputación, no por marketing.
Yo soy Homero hijo. Estoy aquí porque mi papá decidió que el negocio sigue. La pregunta para 2046 no es si HH existirá — es qué dejaremos para cuando ya no estemos.