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El día de muertos; una tradición muy viva

El día de muertos es una de las festividades más importantes y populares en México, se festeja el 1 y 2 de noviembre. Es una celebración mexicana para honrar a

Por Homero·5 min de lectura·Publicado: 27 de octubre de 2021
El día de muertos; una tradición muy viva

El Día de Muertos es una de las festividades más importantes y populares de México, celebrada los días 1 y 2 de noviembre. Es una tradición mexicana para honrar a quienes han fallecido, con raíces que se remontan a la época prehispánica. La UNESCO la nombró Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en 2008.

Qué significa el Día de Muertos

En la visión indígena, el Día de Muertos implica el regreso temporal de las almas de los difuntos, que vuelven al mundo de los vivos a convivir con sus familiares y a alimentarse de la esencia del alimento que se les ofrece en los altares colocados en su honor.

Las festividades comienzan la noche del 31 de octubre. El 1 de noviembre es el Día de Todos los Santos, y la noche del 1 al 2 la ofrenda alcanza su máximo esplendor. Se rezan oraciones, y en algunas regiones del país las personas pasan la noche en los cementerios. Al terminar la celebración, se prueban todos los platillos y bebidas de la ofrenda.

Qué incluye el altar

El altar suele contener imágenes de los familiares fallecidos a quienes se dedica la conmemoración, junto con velas y veladoras encendidas. También se colocan bebidas, fruta, pan y los platillos que el difunto disfrutaba. La imagen del difunto se rodea con papel picado y flores de cempasúchil, cuyos pétalos marcan el camino de regreso a casa.

La historia de una tradición

Nadie escapa de la muerte — eso es un hecho. Y sin embargo, a pesar del dolor que puede causar, nuestros pueblos indígenas aprendieron a percibirla como una etapa que vale la pena celebrar porque, como decía Mario Benedetti, "la muerte es solo un síntoma de que hubo vida".

Esta celebración tiene origen prehispánico. En aquel periodo, muchas etnias mesoamericanas rendían culto a la muerte. Entre ellas, los mexicas veneraban a Mictecacíhuatl y Mictlantecuhtli, ambos señores del Mictlán, o "lugar de los muertos". Para llegar a ese reino, las almas debían enfrentar y cruzar una serie de obstáculos antes de alcanzar el descanso eterno.

Diferentes destinos según la forma de morir

Según el Códice Florentino, el Mictlán se dividía conforme al modo en que la persona moría. Por ejemplo, el Cincalco — morada del dios Tonacatecutli — era el destino de quienes morían siendo infantes, considerados inocentes por su corta edad. Otro lugar era el Tonatiuh Ichan, la "casa del sol", reservado para los guerreros caídos en batalla.

Rituales funerarios y el viaje del alma

Para que las almas iniciaran su viaje, los vivos debían acompañarlas con ritual. La muerte se anunciaba con gritos y llantos de las mujeres mayores de la comunidad. Al difunto se le envolvía con sus pertenencias personales y se le alimentaba simbólicamente con los más exquisitos manjares. Tras el cuarto día, el cuerpo era llevado al entierro o la cremación, y desde ese momento el alma comenzaba su camino.

Cada año, durante cuatro años, se realizaban ceremonias ostentosas en el sitio donde reposaba el cuerpo o las cenizas del difunto. Con la llegada de la población europea, el ritual atravesó un proceso de aculturación. La ceremonia prehispánica se fusionó con la celebración católica de los difuntos y se reinventó en la tradición que hoy conocemos.

En resumen

El Día de Muertos es mucho más que un feriado: es una tradición viva que fusiona la cosmología mesoamericana con el ritual católico para celebrar la memoria, la familia y la continuidad. Para visitantes y residentes de México, es una de las ventanas más auténticas a la identidad cultural del país.